El gran paso: de la cuna a la cama

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Llega un momento en la vida en el cual tenemos que dar un gran salto. Esos saltos grandes pueden ser logros pequeños pero que, para quien tiene que enfrentarlo, puede suponer toda una odisea. Nos pasamos toda nuestra existencia dando pequeños grandes saltos, desde que nacemos, este es un paso inmenso de estar en el vientre de nuestra madre a enfrentarnos al mundo y todo cuanto acontece en él y cuanto nos exigen, una vez hemos dejado atrás el confort del útero materno. Luego llega todo un ciclo de evolución que va marcando etapas del desarrollo y ciclos diferentes, como el hecho de pasar de la lactancia al biberón, luego a la papilla, y a los alimentos sólidos. La primera palabra, los primeros pasos… Son tantos…

Y un paso, sin duda  para el pequeño es El gran paso: de la cuna a la cama. Aunque ciertamente no sabemos si este paso reclama más atención para el niño o para los padres. Porque cuando lo hacen, ven a su pequeño acercarse más hacia la etapa de niño mayor, aunque aún le quede un largo camino por recorrer y cosas que aprender, pero al mismo tiempo surgen nuevos temores. A que el pequeño no se adapte a la cama y no tenga un buen descanso, o a que se caiga de la cama y se haga daño. Y otra inquietud más: ahora el pequeñajo tiene más libertad y puede bajarse de la cama y andar por ahí sin que nos demos cuenta. ¡Madre mía qué miedo!

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Pero pese a los miedos de todo padre y toda madre, ese paso de la cuna a la cama tiene que ser a su debido tiempo, ni pronto, ni tarde. Concretamente, a partir de los 18 meses de vida ya podéis empezar a plantear ese cambio. Y, desde luego, antes de que el niño cumpla los 2 años, ya debería estar en su cama. No obstante, cada caso es particular y hay circunstancias que pueden influir en el éxito o el fracaso de este proceso.

No perdamos de vista que para el niño esto supone un cambio. Salir de su rutina cuando todavía no comprende las razones. Su cuna era su refugio y ahora lo deja atrás. Por eso, hay que seguir unas pautas para evitar traumas innecesarios que puedan hacer que el niño asocie su cama con un hecho negativo. Por ejemplo, si resulta que acaba de nacer un hermanito o hermanita, tal vez no sea el momento adecuado de quitarle a nuestro pequeño su cuna, porque puede verlo como esto: que le quitas su cuna para dársela al hermano o hermana. Y los celos típicos de hermano mayor crecerían.

Tampoco es buena cosa obligar al niño a dejar su cuna cuando estamos fuera del hogar, ya sea porque estamos de vacaciones, o porque acabamos de mudarnos a una vivienda. De hecho, es preferible que ese salto se haga de manera progresiva. Y fundamental que asocie su cama con hechos alegres y bonitos.

Trucos para que el niño quiera dormir en su cama

¿Sabes cuál es una buena manera de que el niño coja cariño a su cama? Jugando. Para cualquier niño o niña sus juguetes son tesoros y un ejemplo de lo que hacen los papás y las mamás, que son los seres a los que más admiran. Por eso, un truco para que nuestro hijo le vaya cogiendo cariño a su cama nueva es enseñarle a que duerma en ella a sus muñecos. Ten en cuenta que tu hijo o tu hija es el papa o la mamá de sus muñecos, así que no querrá dejar solo a su muñeco, y tarde o temprano, acabará queriendo acostarse también en la cama. Sin olvidar tampoco que los juguetes favoritos de nuestro hijo son objetos que le aportan mucha seguridad y confianza.

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No valen los castigos ni las imposiciones. Así que olvídate del «te acuestas en tu cama porque sí, o porque lo digo yo». Ni tampoco el castigo. Piensa que para tu hijo se trata de una situación nueva y, como tal, le causa inquietud. Tu papel no es reprocharle sus miedos, ni tampoco dejarlo solo con su angustia, sino hacerle ver que todo lo que va a vivir, es bueno para él. Por eso, si llora, no le ignores, atiéndele. Incluso quédate un rato con él hasta que se duerma. Cuéntale cuentos, e inventa historias donde su cama sea un lugar mágico y fabuloso.

La paciencia es imprescindible cuando somos padres. Si tu hijo no termina de acostumbrarse a su cama, no te desanimes ni lo obligues. Tu hijo no es tonto, ni va a ser un retrasado por no querer dejar su cuna. Todos tenemos nuestros miedos y necesitamos nuestro tiempo para vivir nuestros procesos, incluso también los adultos, solo que esto se nos suele olvidar y no solemos respetar los miedos de los más pequeños. Fomenta las actividades en su cama, como los juegos, los cuentos, etc. Y verás que poco a poco, tu hijo irá acostumbrándose a quedarse en su cama, cada vez más tiempo, hasta que el día que menos lo esperes, se quede dormido toda la noche. Cuando eso ocurra, a la mañana siguiente, felicítalo y prémialo por su victoria.

Mientras tanto, dale a tu hijo la mejor cuna y, cuando esté preparado para dejar la cuna y pasarse a la cama, encuentra para él la cama más adecuada. No te conformes con lo más barato y busca siempre la máxima calidad para su colchón, porque su desarrollo también va a depender del buen descanso.

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